Jose Lahoz, La lucha contra el cierzo

Hace tiempo tenía en mente incluir un articulo de nuestro queridisimo  José Lahoz, emblemático ciclista Aragonés, que transitó encima de su bicicleta en la dura época preguerra y posguerra. La ocasión es perfecta, pues un 23 de Abril Día de Aragón de hace 96 años nacía este pequeño luchador Contraelcierzo

Carmen París: “La obra y el espíritu de Labordeta siguen más vivos que nunca” (20/09/2010)


Gracias a la predisposición de mi maestro D Juan Osés, me ha permitido colgar su particular historia de este Azuarino. Y por eso mismo, os permito deleitaros con la apasionante vida  deportiva, que de él escribe Monsieur Oses

 Aprovecho la misma para dejaros unas perlas en forma de piropos que me lanza en su web el Sr Osés y quiero compartir:

“A mí me gusta de Javier su capacidad de narrar su esfuerzo y su lucha de una forma especial, como él mismo lo es. En el transcurso de muchas entrevistas para medios y de la preparación de tantas biografías, me he encontrado con personajes que se ponen nerviosos, que no recuerdan, que no logran expresarse como quisieran… Javier, en cambio, no tiene barreras ni conoce límites, por lo cual me parece un absoluto ejemplo de voluntad. Un ejemplo también porque es así desde la modestia de los medios que emplea y su forma de expresarse, es un personaje con unas características que casi lo hacen parecer de ficción. Pero no, Javier está con todo el mundo, es parte de todos nosotros. 
Javier, eres un fenómeno, ya lo sabes. De humildad, de voluntad, de humanidad”

En estas historias épicas, siempre vuelve la eterna pregunta ¿que hubieran hecho los de aquella época ahora? o más directa y objetiva ¿que harían los de ahora entonces?  Como se que está escrito de todo, quisiera lanzar una lanza en favor de los actuales, aquellos eran la leche de sufridos, pero… no solo lo practicaban encima de la bicicleta, era una epoca dura muy dura, algunos de ellos, han comido muchas veces farinetas y no compuestos vitaminicos o barritas energeticas, pero… ¿no dejan de ser grandes los actuales?  O ¿No nos hacen vibrar hasta levantarnos de nuestros asientos? (cada vez menos cierto es) Cada epoca tiene sus gentes y cada uno lo puede ver desde el prisma que desee verlo.  Seguramente mi abuelo cuando en 1928 quedo 1º en un campeonato Aragón de montaña, se le caería la baba y los mocos  como a los actuales, la diferencia es que el arrastraba 15 kg de bici y no había asfalto propiamente dicho, ademas de carecer de una preparación milimetrica y miles de estudios morfológicos o biomecánicos.

Tardio reconocimiento, pero lo hizo su pueblo Azuara, no podían ser otros.

 ME QUEDO CON TODAS LAS EPOCAS, CADA UNA A SU MANERA. Todas estas  historias nos permiten sumergirnos en ellas, como si hubiesemos sido parte de esa épica lucha.  Gracias a todos los sufridores, conocidos o no.

José Lahoz  El león de María

Un martes 15 de febrero de hace un año, murió en Zaragoza el ex ciclista José Lahoz, hasta ese día leyenda viva del ciclismo aragonés y decano de los ciclistas españoles. José Lahoz nació en 1916 y desde que tenía cinco andaba cuidando un pequeño rebaño de corderos para pasar a los 13 años de edad a desempeñar la labor de aguador en Zaragoza-Caminreal, trabajo por el que cobraba las 4 pesetas diarias que le permitieron vivir y ahorrar para comprarse la primera bici. En 1933 ya se encontraba compitiendo en pista, en primer lugar en el velódromo zaragozano de Torrero, y en carretera con los mejores ciclistas españoles de la época. Sus rivales le llamaban El Ratón y tenían claro que no se le podía dar ventajas porque era rápido como un demonio y también capaz de saltar de cualquier grupo en la cuesta más dura, en presencia de Trueba o en una recta final en competencia con Delio Fernández. Nada más acabar la guerra Lahoz participó en la primera edición de la Vuelta a Aragón, 1939, en la que ganó una etapa con protesta incluida del gran Cañardo, cuyo orgullo no podía consentir que le arrebatara una victoria segura en los últimos metros un pequeño corredor aún casi desconocido.  Lahoz jamás obtuvo victorias de esas que se ha dado en llamar sonadas, pero siempre fue un competidor incómodo para las figuras de aquellos años de aislamiento del ciclismo español. A primeros de los 50, cuando los Loroño, Poblet, Bahamontes, Ruiz y Botella empezaron a ganar carreras y premios importantes más allá de los Pirineos, Lahoz, con casi 40 años de edad, colgó la bici.  Después estuvo durante muchos años en Zaragoza al frente de un establecimiento de bicis en el que su popularidad creció aún más que cuando competía. 

 

LAHOZ Y EL CIERZO Hablar de Lahoz es hablar del cierzo, ese viento fresco y seco que tiene su origen en el Noroeste y que desde siempre ha endurecido a los ciclistas aragoneses. Desde los ya lejanos orígenes del ciclismo de competición aragonés, que se debe situar para ser precisos a mitades del siglo XIX con el nacimiento en Castellote, Teruel, del pionero de largas barbas Manuel Ricol Giner, los corredores de esta tierra han tenido fama de duros y sufridos. Justificada, sin duda. Desde José María Javierre, primer ciclista español que participó en el Tour de Francia hace más de un siglo con el nombre de Joseph Habierre, hasta Fernando Escartín, Cañada, Elías o Vicioso, pasando por Corrales, corredor de gran clase y protagonista de escapadas históricas que llegó a derrotar al Bello Hugo en pista, o Escolano, uno de los más resistentes de la historia y, por supuesto, José Lahoz. Dicen que el dopaje ha existido desde siempre en el deporte, pero una de las muestras vivas de que esto no es verdad ha sido este hombre diminuto que nació el 23 de abril de 1916 en Azuara, pequeña localidad aragonesa, aunque su familia se trasladase pronto a María de Huerva. Digo ha sido porque su ciclo se cerró el 15 de febrero, cuando acababa de escribir estas dos páginas dedicadas a su vida para enviarlas a META 2MIL. Los datos esparcidos por la red y otros lugares de desinformación, dan por hecho que Lahoz nació en Azuara, divulgando una vez más, cosa muy frecuente en la historia del ciclismo, un dato erróneo. Recientemente, este hombre que en fechas recientes parecía viajar apaciblemente hacia los 100 años de vida, recordaba en su piso de Zaragoza, rodeado de hijos, nietos y biznietos, aquellos años en los que compitió con los mejores ciclistas de España, como lo hicieron tantos otros aspirantes a figuras, apremiados por el hambre, más interesados en comer que en emular a las figuras del ciclismo internacional. José fue el cuarto de 7 hermanos y hasta los 13 años estuvo encargado de cuidar un pequeño rebaño, acompañado con frecuencia por una de sus hermanas. José ya disponía para entonces de una gran afición a esa máquina a la que todavía algunos llaman velocípedo, devoción que en realidad no recuerda de dónde le venía. Pero si recuerda que en cuanto tenía noticia del paso de alguna carrera por un lugar cercano a su pueblo, allá se acercaba acompañado de su rebaño para ver a los ciclistas. Lahoz dice que lo llevaba dentro, o sea una cosa inexplicable, una especie de delirio infantil, una fijación que más tarde tomará cuerpo. Es decir, que el poder del deseo es una vez más el arma más eficaz de un aspirante a deportista. –José, tu historia cuidando ovejas a los niños de hoy les sonará a prehistoria. –Sí, lo entiendo porque todo ha cambiado mucho, pero en aquellos tiempos sólo había miseria para repartir. No tiene nada que ver con esta época en la que cualquier joven tiene coche. En aquella época el que tenía una bici era envidiado por todo el mundo. Y aunque por aquel entonces dicen que a los pastorcitos se les aparecía la virgen, yo no tuve esa suerte y tuve que luchar muy duro. Aquel pastor pasó trabajar como pinche y aguador en Zaragoza-Caminreal. La primera bicicleta que compró fue precisamente con el dinero que ganaba dando de beber del botijo a los obreros, oficio en el que se embolsaba 4 pesetas diarias, con lo cual recuerda que ganaba casi tanto como su padre. El 2 de mayo de 1933, siendo todavía un chaval con no mucho desarrollo físico y 17 años recién cumplidos, este mozo nervioso al que sus rivales pronto apodarán El Ratón, debutaba en el velódromo de Torrero junto a otro chaval de nombre bíblico, Malaquías, dos jovencísimas promesas. En la carrera individual a 25 vueltas, se impuso el experimentado Leandro Gregorio con 14 puntos, por delante de Lahoz. En la siguiente carrera, a 50 vueltas con sprints cada 10, se enfrentó a las figuras locales y ganó José Catalán con 16 puntos, seguido de Ginés con 14, Lahoz y Leandro Gregorio con 8 y Ricardo Catalán con 4.

 

De esta manera, a base de bravura, pedalada a pedalada y vuelta a vuelta, el pequeño Lahoz se metió en el bolsillo a la afición aragonesa, equiparándose a otros ciclistas mucho más veteranos. Más tarde se encontró en la línea de salida de la Tarragona-Madrid junto a hombres de nombre tan sonoro como Vicente Trueba, Mariano Cañardo o Salvador Cardona, los tres ídolos españoles del momento, dispuestos a hacer un recorrido de órdago, nada menos que el trayecto Tarragona–Barcelona–Lleida–Zaragoza–Alhama de Aragón–Madrid. En una jornada infernal, en la que llovía y hacía un frío intenso, Lahoz se retiraba junto a otro chaval que haría historia en el ciclismo, Fermín Trueba, hermano menor de la Pulga de Torrelavega. Lahoz lo hizo en los alrededores de Calatayud, después de haberse adjudicado la prima del col de Santa Cristina, sorprendiendo por su facilidad para escalar a los participantes más veteranos.

  

Antes pinchó entre Barcelona y Lleida y después se vio obligado a esperar al legendario Cardona, cuarto en el Tour del 29, que corría con Cañardo para la casa Orbea. Y al mariscal Cañardo, a quien los corredores más jóvenes decían de usted, nadie le podía discutir una orden de las que acostumbraba a dar a voz en grito en plena carrera. Es el mismo Lahoz quien hoy confiesa que para el frío era bastante medroso. En cambio, con el calor se crecía. Eran tiempos en los que los ciclistas cuando corrían, comían, aunque sólo pan negro y tocino. Con 17 años ganó su primer título de Aragón. -Tiempos duros vivimos, pero que nadie crea que ganar en aquellos tiempos un Campeonato de Aragón era fácil, porque había corredores muy buenos, como Catalán, Ginés o Mostajo, que ese día estaban motivados para ganar. Que aunque el ciclismo maño no era tan fuerte ni mucho menos que el catalán o el vasco, siempre hubo ciclistas aragoneses muy duros que no regalaban nada. En 1934 Lahoz se adjudicaba una carrera de 60 kilómetros en Zuera, atacando de salida. Apenas tenía 18 años de edad y ya se permitía realizar estas proezas en las carreras de los pueblos de la tierra del cierzo.

 

El viejo corredor recuerda hoy que, durante la guerra, excepto Berrendero y algunos otros que se fueron con muy buen criterio a Francia porque lo suyo era correr, todos los demás estuvieron prácticamente tres años sin competir. Por su parte, Lahoz tampoco entendía demasiado bien eso de las dos Españas, porque él lo único que quería era competir para ganarse la vida. ¿Qué hubiera ocurrido si José Lahoz hubiera tomado el camino de la frontera con Francia?

 

 

  

 

Nadie está en condiciones de responder a esta pregunta, probablemente se hubiera especializado en subidas clásicas como Mont-Faron o Mont-Agel, como más tarde lo hizo su paisano José Gil, encasillado por los franceses por su pequeño formato y su condición de español. Pero, casado desde muy joven, no se podía permitir tal aventura. Lahoz recuerda que su padre, un modesto pastor que no sabía leer ni escribir y que todo el mundo que conocía se limitaba a los montes que rodeaban su pueblo, siempre le repetía eso de «la política para los políticos». Y 20 días antes del inicio de la guerra fue tercero en la Zaragoza-Ejea de Los Caballeros-Zaragoza. El 12 de julio, a sólo 6 días del levantamiento, participaba en un Campeonato de Aragón muy disputado, que no pudo ganar tras una lucha tremenda con Cabestrero, Mostajo, Abadía, Aurelio Julián Cabrera y otros excelentes ciclistas de la tierra.

LAS CARRERAS DE LA POSGUERRA Terminada la guerra, volvía a competir con los grandes y su primer propósito fue el de limar sus defectos, como por ejemplo quitarse esa costumbre de demarrar una y otra vez sin cesar, con lo que solía llegar hasta el borde del agotamiento en tantas ocasiones, lo cual le alejaba con frecuencia de la victoria. En las carreras locales se lució una y otra vez, ganando algunas de ellas, como la Vuelta a Calamocha, y haciendo buenos puestos en otras, incluso en incursiones a tierras navarras y vascas. Como sucedáneo de la desaparecida Vuelta al País Vasco se organizó el Circuito del Norte, una carrera por etapas durísima a la que Lahoz no hizo ascos. En algunas de las etapas disputadas se clasificó entre los 10 primeros y en la general final ocupó la 13ª posición sobre 31 clasificados. Después, recibió una gran alegría cuando le comunicaron que se iba a disputar la primera edición de la Vuelta a Aragón, todavía en 1939. Enfrentado a los más grandes, se impuso en la 2ª etapa, Teruel-Alcañiz, al sprint y por este orden a Cañardo, Delio Rodríguez, Fermín Trueba y Antonio Escuriet, cuatro de los mejores ciclistas de España. En la general final ocupó la quinta posición e hizo segundo en la clasificación de la montaña, por supuesto detrás del pequeño Trueba. Además, empezaba a embolsarse algún dinero, que falta le hace. Por la victoria en una etapa, 300 pesetas, y algunas otras cantidades por diversos conceptos y clasificaciones. Esto podía ser una buena cantidad para la época, pero lo malo es que en aquel tiempo el material resulta demasiado gravoso, costando por ejemplo un tubular 500 pesetas. En cuanto a la comida, plato único, normalmente una socorrida paella a la que echaban como tropiezos sobras de otras comidas o, en alguna ocasión feliz, un trozo de carne con patatas fritas. –¿Cómo eran las figuras de tu época?–Era otro ciclismo y aquellas figuras tenían mucha personalidad. Cañardo tenía un carácter fuerte y si alguien le llevaba la contraria, era capaz de liarse a bofetadas, lo hizo algunas veces. Fermín Trueba era un rayo, resultaba muy complicado ganarle en las subidas, solía aliarse con Berrendero y se repartían las ganancias, porque entonces no había equipos. Berrendero era un luchador tremendo, se metía hasta en las llegadas, nunca daba una carrera por perdida. Y entre estos y otros de mucha categoría como los hermanos Montero o el vasco Ezquerra, que era durísimo, había que buscarse la vida para intentar rascar alguna victoria. 1940 fue un año en el que se disputaron en España pocas carreras, con lo cual Lahoz hizo lo que pudo. Participó en el Gran Premio de la Victoria en Manresa por etapas, por lo que ganó 50 pesetas, la misma cantidad que sus compañeros Cabestrero y Abadía, en una prueba en la que los tres fueron continuas víctimas de pinchazos y averías. En algunas ocasiones su objetivo es el Premio de la Montaña, por ejemplo en la Vuelta a Alava, donde concluye en la segunda posición, tras de su bestia negra Fermín Trueba. APROVECHANDO LA VELOCIDAD En el GP Estella, disputado en dos etapas, venció en la primera e hizo segundo en la siguiente, imponiéndose en la general final, por delante de Luis López e Ignacio Orbaiceta, del que fue íntimo amigo, compartiendo mesa, cuchillo y habitación en muchas ocasiones, aunque luego en la carretera fueran en tantas ocasiones enemigos irreconciliables. Porque en aquellos tiempos de penurias se corría por lo general individualmente, y estamos hablando de una época en la que todos estaban obligados a defenderse en cualquier terreno y en la que en muchas ocasiones la organización no consentía las alianzas entre corredores. Por su constitución, Lahoz se defendía bien en las subidas, pero no era un rival cómodo debido a su viveza en las líneas de llegada, donde sorprendió en muchas ocasiones por su nervio y sentido de la oportunidad.

En la Vuelta a Navarra de 1941, disputada en seis etapas, ganó el Negro Berrendero y él hizo noveno. En el Circuito de Pascuas de Pamplona, a falta de equipo se alía antes de tomar la salida con Orbaiceta y Ezquerra. Aquel día Lahoz logró la victoria, pero nada más cruzar la línea de llegada el futuro patrón de la Super-Ser de Ocaña le montó una bronca tremenda porque interpreta que ha favorecido a su paisano Cabestrero. Mucho tiempo después, Lahoz lo recuerda. –Hacíamos acuerdos y coaliciones con facilidad para repartirnos los premios, pero cuando reñíamos era de verdad, aunque al día siguiente ya se nos había pasado, no había rencor entre nosotros sino necesidad. La necesidad de ganar y de llevar cuatro duros para casa y así poder seguir compitiendo era muy grande. En la Subida al Naranco tuvo lugar una de esas cosas extrañas que, con la forma de correr de hoy, nadie puede entender. Como antes de la ascensión había un buen número de kilómetros en llano, mientras se vigilan Fermín Trueba y él, se marchó Delio Rodríguez, quien como se sabe ostenta el récord de etapas ganadas en la historia de la Vuelta y por su corpulencia no era precisamente un escalador. Cuando reaccionaron sus menudos seguidores ya era tarde y Lahoz sólo pudo ser segundo. Eso sí, descolgar en una subida al Mini Trueba eran entonces palabras mayores y quizás nadie lo hubiera hecho antes que él. –Es la primera vez que Delio se imponía en una subida clásica. –Y también la última, pero Trueba me estuvo vigilando todo el tiempo y facilitó su victoria. Tampoco es de extrañar porque Delio era una auténtica locomotora y entre la ventaja que nos sacó en el llano y la fuerza que le dio saber que podía ganar una subida que valoraba más al no ser escalador, pues ahí está ese resultado para la historia. También puede ser que aquella carrera estuviera pactada entre Trueba y Delio, pero eso jamás lo sabrá nadie. En el Circuito del Norte Lahoz hizo buenos lugares en algunas etapas y en la general fue noveno, por delante de su paisano Abadía. En 1943 acabó cuarto en la Madrid-Valencia, de 350 kilómetros, segundo en el durísimo Cinturón de Bilbao tras del mítico Ezquerra, segundo también en el Gran Premio de Bizkaia y por segunda vez se impone en el Circuito de Pascuas, por delante de Cabestrero y Orbaiceta, por lo que cobró de la organización 500 pesetas. En 1945 debutó en la Vuelta a España, en la que participan 44 ciclistas nacionales y 8 portugueses. En la etapa con final en Gijón pudo lograr la victoria, pero en la recta final, cuando luchaba por remontar al gran Delio, se le salió un calapié y acabó segundo. En la clasificación de la montaña concluyó en el segundo lugar tras del gallego Emilio Rodríguez. De aquella dura edición de la Vuelta todavía recuerda Lahoz al portugués Rebelo, que subía tanto como bajaba y que en alguna ocasión llegó a atravesar la línea de llegada visiblemente estimulado por el dopaje de la época, el vino peleón, que era bastante más barato que el coñac. –No se conocían los productos dopantes que más tarde debió introducir algún médico desaprensivo. Lo más que tomábamos era café con coñac para combatir el frío. De ahí venían los tumbos de Rebelo. Ah, también estaba el famoso Kola Astier, un producto energético contra la fatiga. Productos que tenían su leyenda pero que hoy, como le dijo el clown Hassenforder hace unos años a Otaño, es menos de lo que hoy toman los chavales para ir al colegio. Lahoz volvió a la Vuelta a España en 1947 y tuvo una buena actuación al acabar en la 13ª posición. Formó equipo con Escolano y Casorrán, también aragoneses, además del madrileño Carretero y el grimpeur vasco Mancisidor, un grupo ofensivo donde los haya que no obstante se estrelló como todos los demás contra la muralla belga de Edward Van Dyck. En cambio, en 1948, en su tercera participación, abandonó en la etapa de Bilbao en la que una vez más el frío y la lluvia le jugaron una mala pasada. Lahoz corría al fin para un equipo, el improvisado y modesto Dígame, fruto tanto de la afición de un empresario como de la improvisación más absoluta y al final víctima de los elementos y la falta de asistencia en carrera. Lahoz tenía como compañeros de equipo a Gabriel Saura, Font, Catalá y Escolano, una especie de selección catalano-aragonesa. Los años 48 y 49 son dignos de ser olvidados para siempre por el ciclismo español. La España incomunicada no sale a ninguna parte y en el país apenas se organizan carreras, pasando el deporte en general y el ciclismo en particular por unas circunstancias difíciles de verdad. En 1948, destacó su actuación en la carrera más emblemática de Aragón, el Circuito Ribera del Jalón, disputado en un circuito de 3 kilómetros al que deben dar los participantes 30 vueltas. Lahoz marchó destacado durante varias decenas de kilómetros y un montón de vueltas, pero para su desgracia le alcanza un chaval de 19 años llamado Poblet, quien le bate bajo la pancarta de llegada aunque por muy escasa distancia. En los inicios de la década siguiente el ciclismo español inicia una reacción, pero a Lahoz este cambio le llega demasiado tarde, porque ya tiene 34 años cuando se emprende este viraje que conduce hacia los prósperos, deportivamente hablando, años 50.

LOS NUEVOS VALORES Por aquel entonces empezaban a brotar nuevos valores: Ruiz, Poblet, Bahamontes y Loroño. Lahoz, que viene del ciclismo de la anteguerra, como es lógico, empieza a retroceder ante el empuje de estos. A pesar de ello, en 1951 se impone en dos etapas del Circuito de Tamarite de Litera, en competición con un Poblet que, aunque joven, empieza a dar muestras de su clase. –¿Qué cambió en España en los años 50? –Cambió todo, porque pasamos de llevar el tubular enroscado a la espalda y buscarnos la vida en todos los sentidos, alojamiento, averías, correr sin equipo, etcétera, a correr para equipos como el Faema, que era muy fuerte, con concentraciones antes de empezar la temporada y todo lo que ya hacían en los países más avanzados. Lo que pasa que eso ya no era para mí, ni para Langarica, Gual y la gente de mi generación, porque ya teníamos treinta y tantos y marchábamos hacia los 40. Una pena, sobre todo porque los más jóvenes empezaron a tener facilidades para correr en el extranjero, cosa que yo jamás pude hacer. En 1952 ganó la segunda etapa del Gran Premio Liberación de Ondárroa, en 1953 dos etapas del Gran Premio Teruel-Alcañiz, El bravo ciclista aragonés que compitió con Cañardo, Vicente Trueba, Cardona, Ezquerra y aquellos duros ciclistas del pasado, aún se atreve a enfrentarse con las nuevas estrellas emergentes del ciclismo español. Los tiempos en los que al acabar una etapa tiene que coger su maleta para llevarla a la pensión que encuentre, por su cuenta y riesgo, afortunadamente ya han pasado. El hombre al que habían entregado en una ocasión como premio un farol de bicicleta por ganar uno de sus campeonatos de Aragón en ruta, aún corrió hasta cerca de los 40 años. Antes de su retirada todavía vence en alguna otra prueba como el GP General Yagüe de Burgos, pero ya no es el mismo, no sube con la facilidad de antes y en las cronos, su punto débil, ocupa las últimas posiciones. Tras su retirada instaló un taller de bicis y motos en Zaragoza al que acudieron numerosos aficionados durante décadas. El viejo campeón se había casado por primera vez antes de la guerra, aunque pronto quedó viudo y además con tres hijos a los que sacó adelante luchando contra el cierzo y las mareas de la vida.

con su esposa

 

Casado después con María Dolores, tuvieron otro hijo y llegaron a celebrar sus Bodas de Oro. Hasta poco antes de su fallecimiento, esta vieja leyenda todavía seguía el ciclismo por la televisión, admirado por los avances de un deporte que le parecía del futuro más que del presente. Porque a fin de cuentas cuando él nació esas máquinas todavía eran velocípedos. –Un ciclista como tú que corrió en años tan duros qué piensas del ciclismo actual. –Es otra historia, si alguien me dice entonces que un día España iba a llegar tan alto, no me lo hubiera creído. Antes éramos escaladores y fondistas, no es que no ganáramos, es que ninguno corría en las clásicas fuera de España. Ahora, en cambio, ganamos en cualquier terreno. Y luego entre esos cambios también llama la atención que ahora los belgas y los franceses ya casi no cuentan para las grandes, cuando antes dominaban. Todo ha cambiado mucho, el ciclismo es muy popular en todo el mundo. Sí, todo ha cambiado. Lo decía días antes de dejarnos el decano del ciclismo español, un hombre que nació antes de la revolución rusa, mientras Europa se encontraba ocupada una vez más destruyéndose a sí misma.

 

 

 

 

 Así es que, cuando a los viejos aficionados alguien les aseguraba, apenas unos días atrás, que todavía estaba vivo el Ratón Lahoz, el ciclista que nació hace casi un siglo, el maño que luchaba contra el cierzo antes de la guerra civil española, ni se lo creían. Qué le vamos a hacer. Ahora, al fin, el viejo Lahoz nos ha dejado. Descanse en paz.

 

En el añorado y recientemente desaparecido META 2MIL quisieron rendirle su particular homenaje ofreciendo a los lectores una amplia entrevista para conocer mejor a este pequeño gran hombre.

Encarecidamente os aconsejo, leer esta y otras muchas historias épicas del señor Oses  http://www.osesbiografias.com/

La bravura es una cualidad innata: no se adquiere; procede de la sangre

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Published by: pedaladascontraelcierzo by Javier Castañer

Me gusta trasmitir a través de un punto de vista personal, las impresiones a lo largo de una carrera deportiva, no será al 100% deporte, pretendo incluir fotografias, entrevistas y lo que fuera surgiendo. Basicamente lo que quiero es no olvidar la historia de nuestros ciclistas o deportistas, que por una u otra razón, tras mucho esfuerzo tras de si, no han sido debidamente reconocidos.

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