QUIEN ES… JAVIER CASTAÑER? por Juan Osés

Cuando decido ponerme a escribir en este Blog, como dije al principio, no pretendo hablar de todas mis actividades, si hoy ha llovido y me he mojado, si ayer, deje a fulanito o menganito en el repecho, o simplemente porque no gané aqui o allá. NO ESE NO ES MI DESEO, pero si que después de una decena de entradas, tengo todo el derecho del mundo a mostraros mi historia, contada y muy realmente narrada, por un historiador romantico de este nuestro deporte, al que ya le dediqué una entrada, Monsieur Osés.  Os la muestro tal cual la escribió y posteriormente fue publicada en el recientemente desaparecido META2mil. Espero que a los que recientemente os encontreis entre los seguidores de mi blog, sepais un poquico más de mí. Y con el permiso del maestro….

Por Juan Osés

LA LUCHA CONTRA EL CIERZO


Para cuando nace Javier Castañer Molinero, el 5 de marzo de 1970, la Comunidad de Aragón ha dejado muy atrás un pasado importante en el deporte ciclista para encontrarse en el momento más bajo de su ya larga historia. Los Escolano, Lahoz, Corrales y otros notables profesionales llevan muchos años retirados del ciclismo y por muy buen sabor de boca que hubieran dejado sus logros deportivos, estos se encuentran demasiado lejanos en el tiempo.
Javier es el cuarto hijo de un matrimonio obrero sin ninguna relación con el deporte. A pesar de ello, los padres comprenden que para la formación de sus hijos es bueno que estos realicen alguna actividad deportiva. Desde muy crío Javier muestra una cierta capacidad para la práctica de casi cualquier deporte, practicando en principio fútbol y kárate. Pero estos deportes a los que su padre intenta acercarle, la verdad es que no le motivan. Con apenas 6 años finalmente su inquietud por la actividad física le lleva a ingresar en la escuela de balonmano de su colegio. Javier en esta época es más bien bajo de estatura y llenito, pero en cambio su espíritu deportivo puede con todo y pronto empieza a destacar, debido a su acierto frente a la portería contraria.Cumplido este ciclo deportivo inicial, a los 14 años da un repentino tirón, creciendo en muy poco tiempo casi 20 centímetros, de manera que prácticamente se convierte en otra persona. El entrenador pasa al zurdo Castañer al lateral derecho, posición a la que no se acostumbra, abandonando finalmente el balonmano. Lo que el chaval no va a dejar es el deporte, imitando inmediatamente a su hermano Felipe que, en aquella época, es uno de los mejores atletas de Aragón especializado en medio fondo. Después de recorrer todas las pruebas de la temporada invernal de cross, el chaval tampoco parece acostumbrarse a la soledad del atleta.

Es entonces que aparece en su vida la bicicleta, supongo que por imitación porque un día se entera de que su abuelo fue campeón de Aragón en la especialidad de montaña en el muy lejano año de 1928. A los 16 años Javier anda estudiando electrónica, pero su inquietud le obliga a abandonar los estudios para ponerse a trabajar en un taller de matricería, lo cual le permite costear la compra de una bicicleta de carreras de segunda mano para empezar a salir a la carretera los fines de semana y hacer unas decenas de kilómetros. Alguien le introduce en una peña ciclista aragonesa de solera, Los Conejos, y así su afición va creciendo salida tras salida hasta que decide en el año 87 debutar en carreras federadas. Javier es feliz llevando un dorsal a la espalda, ya no hablemos de alcanzar la meta en un segundo grupo. Cuando no tienes quien te guíe, lo normal es que avances más lentamente, y eso es lo él que hizo. En una de estas carreras casi enloquece cuando logra llegar a la meta en segunda posición, persiguiendo al vencedor como si en ello le fuera la vida. Su afición es tremenda y no deja de competir ni en invierno, por supuesto en pruebas de ciclo cross. Si los trofeos no hubieran llegado, aunque estos no eran lo habitual, probablemente hubiera colgado la bicicleta, pero en lugar de eso lo que se renovaba día a día era su insensato deseo de ser ciclista. A los 19 años marcha a la mili, barrera insalvable para tantos deportistas españoles. Por suerte coincide compitiendo con César Latorre, uno de los mejores y más polivalentes ciclistas que ha tenido la Comunidad de Aragón durante las últimas décadas. Luego acude a los campeonatos militares y logra una medalla individual en atletismo campo a través y otra del equipo de balonmano, lo cual le permite volver a su casa dos meses antes del término de su compromiso militar. 

EL GOZO DE COMPETIR

 De pronto el aspirante a ciclista se ve en la calle en el mes de enero cuando nadie habla de otra cosa que de la temporada que va a empezar y que más o menos puede programar por primera vez en su historia de aspirante a corredor. Cuando empieza el curso ciclista del 92 se encuentra enrolado en un equipito recién creado, consiguiendo competir durante 50 jornadas en carreras de importancia disputadas en las comunidades más próximas. En su tierra se impone en la prueba social del Club Ciclista Iberia, llamando la atención de Ignacio Labarta, director del CAI, uno de los mejores equipos aficionados del país. Cedido con este equipo debuta en una genuina prueba por etapas vasca, la Vuelta al Bidasoa, donde las carreteras son lo más parecido a una sucesión de toboganes entre los que de vez en cuando aparece algún tramo recto y eso por no hablar de la climatología. En esta edición se impone un tal Abraham Olano. No lo hará tan mal Javier esta temporada cuando recibe la oferta de fichar por el CAI, que naturalmente acepta. Porque tiene más claro que nunca que quiere ser ciclista. Por primera vez entrena con una planificación, de acuerdo con un calendario de pruebas. En el equipo al director Labarta, reclamado por la Federación Española, le sustituye Jon Cengo, un personaje serio en sus planteamientos y muy valiente. La edad de Javier juega en su contra porque ya ha alcanzado los 23 años en un lugar en el que si con 19 años no eres nadie, es mejor que lo dejes. Pero para él lo negativo no existe, esa es su forma de ver las cosas en cualquier situación. Si alguien le dice que difícilmente llegará a alguna parte, Javier piensa inmediatamente que sí lo hará y sacara fuerzas de las críticas más desfavorables y tirará para delante, machacándose hasta el final. Así, debuta entusiasmado en el llamadoTour español, el Circuito Montañés, y continúa participando en carreras junto a grandes de los que aprende permaneciendo a cada pedalada atento a todos sus movimientos. Más tarde Cengo opinará sobre su antiguo pupilo:  Javier Castañer fue un corredor que llegó al Cai con una edad avanzada para lo normal, lo que no le impidió, debido a su afición y seriedad, conseguir progresar e incluso llegar a ganar una clásica importante como el trofeo San Bernabé de Logroño, que por aquellos años era una carrera de prestigio, imponiéndose al mismísimo Jon Odriozola. Resumiendo, me quedo con sus ganas de aprender, ilusión, afición y seriedad en el ciclismo, aparte de ser un tío majo y legal. De haber empezado a correr antes en el ciclismo de alto nivel, no sé hasta dónde habría llegado, ya que sus pruebas de esfuerzo eran espectaculares”. 

Así se escribe la historia, otra cosa hubiera sido que en la comunidad existiera una escuela de ciclismo en la que aprender el oficio con seriedad, no dando bandazos y con el cierzo en contra. En el año 94 y en el 95 se repiten actuaciones destacadas en carreras importantes e incluso con victorias de rango, como la clásica de Logroño a la que alude Cengo o la primera edición del trofeo Aragón, una durísima prueba en la localidad de Plou. Además es convocado por el seleccionador de su comunidad a fin de representar a Aragón en los campeonatos nacionales que se disputan en Segovia. Cedido a un equipo palmero, resulta vencedor de todas las clasificaciones en la Vuelta Ciclista a la Palma, orográficamente durísima. Esto no le impide sacar al segundo clasificado una notable ventaja. De nuevo, esta vez en el mes de septiembre, vuelve a correr con este equipo la Vuelta Internacional a Tenerife, teniendo la victoria a tiro de piedra en la tercera etapa. 

Javier es el típico ciclista de tradición aragonesa, es decir combativo hasta el límite, pero mal calculador de sus propias fuerzas y con poca paciencia para esperar un final estudiado y rematar la faena. En este sentido las críticas son unánimes, si no hubiera corrido con esa mentalidad de gregario entregado, con un poco más de frialdad hubiera alcanzado metas más altas. Pero si este muchacho tiene algo es autenticidad y generosidad a raudales, él es así dentro y fuera de la carretera. Y cambiar la propia naturaleza no suele ser una labor fácil. En el año 96 continúa como independiente. Las obligaciones laborales ya no le permiten tantos desplazamientos entre semana y por eso decide participar a su aire. De esta forma obtiene solo buenos resultados en pruebas menores o en el campeonato regional, en el que después de ir escapado en compañía durante 100 kilómetros, decide atacar en los últimos 5, pero lo acaban cazando cuando tiene la pancarta de llegada justo delante de sus narices. Y Javier continúa con su particular coitus interruptusdeportivo. 

UN INTENTO CONTRA VIENTO Y MAREA 

Siempre dueño de un tesón y de una voluntad excepcionales, poco a poco se le va metiendo en la cabeza la idea de intentar batir el récord de la hora aragonés que César Latorre obtuvo un par de años antes, como si esto no fuera una de las cosas más duras que se le pueda ocurrir a un ciclista. Audacia no le falta y el día 2 de noviembre del 96, después de duros entrenamientos, se encierra en el velódromo de Zaragoza junto a un montón de amigos y aficionados dispuestos a participar cómodamente sentados de un espectáculo difícil de repetir. ¿Qué ha hecho Javier para conseguir reunir a toda la variopinta fauna ciclista de la ciudad, haciéndoles olvidar por unas horas sus diferencias? Lo que ha hecho sencillamente es lo de siempre, tirar de empeño, de ganas y de entusiasmo. Y, como siempre, quitarse el buzo de trabajador de un taller para vestirse de ciclista e intentar una nueva hazaña. En este caso su esfuerzo tiene su premio porque bate el récord aragonés por casi dos kilómetros de diferencia. Pero al inquieto recordman, nada más abandonar el velódromo ya le anda rondando por la cabeza la idea de hacer un intento más serio, porque se va a casa con la impresión de que sus piernas no han dado de sí todo lo que pueden dar. ¿El record de Induráin? Esto parece una quimera, pero la audacia de este maño obstinado jamás ha conocido límites. Lo que él ha dado en llamar cúmulo de casualidades y yo voluntad infinita, le ofrece la posibilidad de utilizar para este intento la Colnago de carbono utilizada por Tony Rominger en algunos entrenamientos que le condujeron a lograr finalmente el récord mundial de la hora. Para acabar de centrarse, Javier conoce a Vicky, su futura mujer y madre de sus hijos, quien le anima como si fuera su mejor entrenador, reforzando aún más su autoestima, es de justicia decirlo. Este aprendizaje le servirá años después para ser más apto en su condición de técnico dedicado a mentalizar a sus pupilos. Estamos en el 97, su año decisivo. Para empezar, el éxito obtenido en su primer intento le abre las puertas a varios patrocinadores. Con ellos decide que este segundo intento tenga lugar el día 14 de junio. ¿Esto quiere decir que se debe dedicar únicamente al entrenamiento para alcanzar una meta tan alta para sus posibilidades? Pues no, porque Javier continúa levantándose a las 6 de la mañana para cumplir con su jornada laboral, acabando está en muchas ocasiones 11 horas más tarde. Dificultades muchas, pero estas no le hacen desistir sino crecerse. Por ejemplo, algunas rozaduras sangrantes en la entrepierna, producidas por el estado lamentable del velódromo de Zaragoza, a pesar de lo cual su preparador Fernando Asensio y el equipo del Dr. Terreros constatan que el aspirante cumple con los tiempos establecidos. 


DEL TALLER AL VELÓDROMO

 Los días previos al intento llegan los apuros y los nervios. El material necesario no llega, Javier quiere probar nuevos desarrollos… Además el intento motiva a los medios locales que se ocupan de captar el poco tiempo que le queda después de los entrenamientos más la jornada laboral, de manera que acaba algunos días agotado, a pesar de lo cual todos los días sin excusa ni pretexto debe acudir al maltratado velódromo maño. Pero a estas alturas ya el pulsómetro no es necesario, para rodar más aprisa Javier ya tiene el ritmo en sus piernas y sobre todo en su mente, aunque el intento es el de un amateur, todo resulta familiar, no demasiado técnico por las carencias, y por lo tanto muy difícil.Finalmente llegan los trajes aerodinámicos, uno de manga corta y otro de manga larga. Cuando al fin llega la Colnago, apenas quedan 10 días para la fecha de su segundo intento y enseguida empieza a limar centésimas a sus tiempos habituales. Los últimos entrenamientos son muy duros. Todo es tan familiar que el ex profesional Pepe del Ramo le regala un casco para el ensayo, todo en la vida de este muchacho es muy bienintencionado y muy artesanal.Ya no hay tiempo para corregir errores porque llega el día señalado. El día 14 Javier se levanta relativamente tranquilo pero en cuanto se asoma a la ventana y ve la forma rápida con que se agitan las ramas de los árboles, porque Zaragoza y el cierzo son amigos prácticamente inseparables, se da cuenta de que la jornada va a ser dura de verdad. A las 10 de la mañana le espera David Cañada, su inseparable amigo y compañero de entreno diario. Los dos ruedan durante un par de horas, se relajan, charlan y sobre todo tratan de mentalizarse para lo que ocurrirá por la tarde. Javier llega al velódromo después de comer, tras de disfrutar una pequeña siesta con un fondo musical tranquilo. Cuando lo hace ya tiene los rodillos preparados y pronto se pone a ello, mientras suena como fondo el murmullo que forman los aficionados que van entrando al recinto. Su novia y su entrenador procuran distraerle para que se abstraiga del alboroto que se está montando en las gradas. Cuando faltan 45 minutos comienza la ceremonia de vestirse lentamente antes de salir al escenario, como si fuera un viejo actor, no sin antes echar un último vistazo a la máquina. Al acceder a la pelousse y ver las gradas llenas de público e incluso algunas pancartas con su nombre, siente que eso le da fuerza. Por supuesto, jamás olvidará estos momentos. Tras de rodar unos 15 minutos por la pista, se posiciona a la hora fijada en la línea de salda, después de la verificación de la máquina por parte de los árbitros. Luego llega la cuenta atrás y, al fin, el aspirante da su primera pedalada potente, de purasangre. Pronto el tiempo es mejor del previsto, lo cual de momento no se sabe si es bueno o malo, porque mientras las piernas piden más, el entrenador grita que hay que regular. Los primeros 20 minutos transcurren bien, pero queda mucho sufrimiento por delante. Como estaba previsto, entre el minuto 35 y el 40 llegan los problemas. No por el esfuerzo en sí, sino porque se pone en evidencia el reglaje mal hecho del sillín y vuelta a vuelta este baja de punta hacia abajo, lo cual hace más dolorosa la dichosa rozadura. Por suerte Javier está acostumbrado a sufrir y a esforzarse de verdad, de manera que continúa en el intento sin bajar su ritmo de pedalada. Los espectadores llegan con el corazón tocado a los últimos 10 minutos. Se trata en esta etapa de rebasar los 45 kilómetros, ese era y es el objetivo. Cuando Javier cruza la línea de llegada final y suena el pistoletazo que marca el final de su lucha agónica, ha rebasado ese kilometraje en 55 metros. El esfuerzo ha merecido la pena porque la marca ha sido conseguida a pesar de los problemas físicos, la planificación artesanal y las malas condiciones de la pista, en un velódromo que por cierto no llenaba sus gradas desde muchos años atrás. DEL VELÓDROMO AL TALLER Al día siguiente Javier, auténtico patrimonio del esfuerzo del deporte aragonés, vuelve a madrugar para cumplir una jornada laboral más. Pero la historia no acaba aquí. Y esto porque quienes le han guiado en este intento están de acuerdo en que en sus piernas hay todavía más kilómetros de los recorridos en este. Y la maquinaria se vuelve a poner en marcha, aunque en este caso resulta aún más difícil encontrar la financiación necesaria para aspirar a rozar el récord de Induráin. Pero finalmente hay suerte. Un reportaje en Heraldo de Aragón titulado Castañer sin dinero para el récord, da sus frutos y recibe cuatro llamadas pudiéndose permitir elegir patrocinador. La elección recae en la CAI, que se hace cargo de los gastos que supone afrontar este nuevo intento con las máximas garantías posibles. Con la tranquilidad de que el tema económico no va a ser motivo de preocupación, se elige una nueva fecha, el 13 de septiembre. El nuevo plan establecido contempla también redoblar los esfuerzos durante sus vacaciones laborales para lograr objetivos. Este tiene lugar en Avignon, localidad francesa que por su cercanía con el Mont Ventoux le ayudará a adquirir una mayor fortaleza. Diez días de trabajo acentuado son el prólogo que dará paso a 45 días de intensivo entrenamiento antes de que llegue el día de su tercer intento. De vuelta a casa compite en la prestigiosa clásica del calendario aragonés, el Gran Premio San Lorenzo de Huesca, disputado como siempre a un ritmo endiablado. Siguiendo su forma habitual de correr, da un latigazo tras otro a lo largo de la prueba, terminando en la sexta posición, finalmente derrotado por los más conspicuos velocistas arropados durante toda la carrera por sus respectivos equipos. Después, la jornada laboral sigue siendo su obligación y rutina diaria, aunque su cabeza se encuentra en los entrenamientos que tendrán lugar por la tarde. El objetivo en esta ocasión es alcanzar los 47 kilómetros a la hora, una marca muy considerable con la que muchos ciclistas de élite seguramente no podrían. Su plan de trabajo en este caso es más completo y su responsabilidad mayor, por lo que todo debe ser más metódico en el día a día. El equipo del Centro de Medicina Deportiva del Gobierno de Aragón, con el Dr. Terreros al frente, se vuelve a poner al frente del plan, mejorando día a día su entrenamiento. Y Javier está motivado. 


En esta ocasión el campeón mundial de pista Juan Llaneras es quien envía su bicicleta a Zaragoza para el nuevo intento. Pero esto ocurre cuando ya el equipo y el mismo Javier la esperan desesperados tras tantos entrenamientos con la vieja bicicleta, con la que a pesar de todo se consigue alcanzar los tiempos preestablecidos. En esta ocasión todo mejora, incluso el escenario, ya que el lugar elegido es el velódromo Luis Puig valenciano, situado en Paterna, en el que habitualmente ruedan excelentes pistards. Las gestiones avanzan y su director les permite utilizarlo desde una semana anterior a la fecha establecida. Siete días antes tiene lugar un ensayo general con la misma forma de actuar que se supone tendrá lugar en el día establecido, con la idea de poder corregir cualquier posible error. Javier, con su entusiasmo habitual, no piensa en reservarse, quiere hacer todo durante este ensayo como si correspondiera a la prueba definitiva. Claro que el velódromo es desconocido para él, pero Javier es una máquina de aprender. Es entonces cuando llega la primera decepción, el tiempo no es el que él y su equipo esperan, de manera que solo supera en algunos metros su marca anterior. Quizás su propia ilusión le haya bloqueado, nadie sabe exactamente lo que ha ocurrido. Naturalmente no se da por vencido, sino que esto le anima a volver a los entrenamientos con más ganas. La última semana es muy dura porque a sus entrenamientos ya previstos hay que sumar de nuevo compromisos con los inevitable medios locales, ávidos de noticias, lo cual lo descentra en alguna medida. Pero su capacidad de superación vuelve a imponerse, como siempre. Así es que, pensando en positivo como acostumbra, toma su aparente fracaso como lo que a fin de cuentas es, un entrenamiento. De vuelta a casa sigue entrenando mientras piensa en mil cosas. Al fin se desplaza a Valencia con su inseparable Vicky la víspera del intento definitivo. Los nervios por no llegar a tiempo el material necesario se disparan y su idea de rodar con un desarrollo de 55 x 15 se trunca y debe volver a repetir el utilizado en los dos anteriores intentos, 54 x 15. Pero eso no le preocupa realmente porque conoce sus posibilidades.

 El viernes previo al día D, después de una cena a base de hidratos de carbono, se acuesta pronto, y mientras recibe un masaje de su masajista/cuidador, ya duerme como un niño.. Al día siguiente se levanta temprano como acostumbra y desayuna en el comedor del hotel a base de cereales, yogur y tostada, además de café americano. El aspirante se encuentra de buen humor. Nada más acabar su desayuno, su mente ya está puesta en el nuevo intento y pronto se cambia de ropa para ponerse su vestimenta de pistard antes de afrontar su más importante reto. A las 10 horas ya se encuentra en el Luis Puig acompañado por su gente y se supone que con todo perfectamente preparado. Una mirada a sus gradas y una respiración larga y profunda son inevitables al llegar a este momento. El telón empieza a levantarse y él lo sabe. Pronto empiezan a presentarse en la pelousse el resto de los protagonistas de la función, los árbitros acompañados por el señor Tortajada, un juez UCI que dará una mayor proyección a cuanto allí ocurra. Mientras cada cual toma su posición, Javier ya se encuentra rodando para iniciar suavemente el calentamiento y los aficionados empiezan a sentarse en las gradas. Entre estos se encuentran sus compañeros de la Peña Los Conejos y su propia familia. 


Por su parte, el aspirante intenta concentrarse y que no le afecte todo este ajetreo. A 45 minutos de la hora fijada, los árbitros empiezan a verificar la bicicleta, a asegurarse de que sus cronómetros funcionan perfectamente y se hacen pruebas de sonido. 10 minutos antes Javier se encuentra vestido con la equipación oficial para su intento, un buzo de crono CAI de manga larga, casco, cubrebotas regalo de Cañada, el pulsómetro, herramienta fundamental en estas tentativas, todo perfectamente a punto como consecuencia de una preparación científica. Dispuesto en la zona de salida, Oscar Llanos, árbitro desafortunadamente desaparecido más tarde, sujeta la parte posterior de su sillín mientras Tortajada cumple con el protocolo de dar las explicaciones que hacen al caso. Ah, y quizás lo más importante, que es el beso de Vicky, que sin duda le ayudará para lograr el objetivo fijado de alcanzar los 47 kilómetros. Pistola en mano, de nuevo 3…2…1, y comienza la ultima hora agónica de Javier Castañer. Según las tablas, se fraccionará el intento en cuatro partes claramente diferenciadas por sus pulsos y tiempos, el primer parcial se compondrá de 20 minutos, en los que deberá mantenerse en las 178 pulsaciones, algo que en el primer minuto ya consigue, lo cual es buena señal, pues demuestra que es capaz de manejar el pulso según quiera mientras los tiempos no requieran de mayores esfuerzos. Durante los segundos 20 minutos se debe mantener a 182 y no moverse a pesar de estar en medio la fatídica barrera de los 40 minutos, donde el cuerpo comienza un ligero declive en su resistencia, algo que en esta ocasión pasa perfectamente, incluso por encima de lo esperado. Javier llega al tramo de los 40 a 50 minutos, en los que se debe de poner a 184 pulsaciones. En estos diez minutos da muestras de una dureza envidiable y comienza a marcar los tiempos debidos, hasta llegar a los diez últimos que son a “lo que lleves dentro”. Según los registros grabados en su polar, nunca bajan de las 192 en estos diez minutos finales, lo cual demuestra que el largo camino recorrido para llegar a exprimir el organismo a estos niveles ha sido el correcto. Y Javier Castañer, el prodigio de voluntad, culmina su hazaña después de dar 189 vueltas al velódromo valenciano, lo cual supone una marca de 47,102 kilómetros por hora. Después de batir el récord de la hora, el mismo Merckx llegó a decir que era lo más duro que había hecho en su vida y que jamás volvería a intentarlo. Por eso no es de extrañar que Javier necesite ayuda para bajar de la bicicleta, pero la felicidad va por dentro porque ha logrado alcanzar un objetivo complicadísimo y que está al alcance de muy pocos experimentados profesionales. Ahí quedan para la historia los records mundiales de los grandes de la bicicleta. Coppi 45,798, Anquetil 46,159, Baldini 46,394 y la primera marca homologada del malogrado Roger Rivière con sus 46,923. Por añadidura, la marca registrada por Javier Castañer es la segunda española de la historia, algo que es demasiado meritorio para conseguirlo a base de voluntad y esfuerzo, llamando a puertas y más puertas hasta obtener este magnífico resultado final. Aquí no acaba la historia de este gran ciclista prodigio de voluntad, porque en el 2008 aún acude a competir con la selección aragonesa en los nacionales élite, lo que le permite participar junto a Olano, Escartín, etcétera. Todo esto siempre a fuerza de voluntad, entusiasmo y un tesón ejemplar, luchando eternamente contra dificultades sin cuento, federativos y en muchas ocasiones mala fe por parte de quienes tienen como obligación apoyar la práctica del deporte sin recurrir a ayudas adicionales. Su lucha es la perpetua pelea de los ciclistas aragoneses, siempre batallando contra el cierzo que azota prácticamente siempre sus carreteras. Verdaderamente los ciclistas aragoneses parecen estar hechos de una pasta especial. A la fuerza ahorcan.

 
ALGUNOS MOMENTOS GRAFICOS DE MI TRAYECTORIA
ENCIMA DE ESTAS PALABRAS, ESTOY CON EL MAILLOT DE LIDER DE LA MONTAÑA EN LA VUELTA CICLISTA A LA PALMA 95
Y A LA DERECHA UNA ESPECTACULAR IMAGEN HECHA POR MI AMIGO EL FOTOGRAFO ALBERTO CASAS, DESPUES DE CINCO AÑOS SIN ANDAR EN BICICLETA, AUN MANTENÍA BUENAS MANERAS.
Gracias de nuevo Juan.
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Published by: pedaladascontraelcierzo by Javier Castañer

Me gusta trasmitir a través de un punto de vista personal, las impresiones a lo largo de una carrera deportiva, no será al 100% deporte, pretendo incluir fotografias, entrevistas y lo que fuera surgiendo. Basicamente lo que quiero es no olvidar la historia de nuestros ciclistas o deportistas, que por una u otra razón, tras mucho esfuerzo tras de si, no han sido debidamente reconocidos.

2 comentarios

2 comentarios en “QUIEN ES… JAVIER CASTAÑER? por Juan Osés”

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  2. Maravilloso ejemplo de superación para muchos, este prodigio que se llama Javier Castañer.

    Imposible no detenerse en su mirada, llena de ilusión y ganas de seguir viviendo sobre ruedas.

    Blanca de La Figuera Facerías.

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